¿Cómo acompaño?
Te acompaño en el proceso por el que estés pasando desde un enfoque somático, relacional, transpersonal e informado en trauma.
Para explorar no solo lo que te pasa, sino cómo eso vive en tu cuerpo, en tu historia, en tus vínculos y en tu forma de habitarte.
Esto significa que no acompaño tu historia únicamente desde lo que piensas, recuerdas o puedes explicar con palabras. También observo cómo esa historia vive en tu cuerpo, en tu respiración, en tu sistema nervioso, en tus defensas, en tus síntomas y en la manera en la que tu organismo aprendió a protegerte.
Mi acompañamiento nace del cruce entre la psicología, la terapia somática, la psicotraumatología, el trabajo con el sistema nervioso, el trabajo con partes (IFS), la mirada transpersonal, la compasión y la comprensión profunda de que no somos solamente una mente intentando funcionar.
Somos cuerpo.
Somos historia.
Somos vínculo.
Somos defensa.
Somos símbolo.
Somos memoria.
Somos deseo de sentido.
Somos también misterio y universo.
NO ACOMPAÑO DESDE UNA TÉCNICA AISLADA.
Acompaño desde una mirada integrativa.
Trabajo con trauma, pero también con la posibilidad.
Me importa tanto tu regulación como tu verdad. Tanto tu historia biográfica como tu dimensión profunda y arquetípica. Tanto tus síntomas como tu posibilidad. Tanto lo que te pasó como lo que en ti sigue intacto, esperando condiciones más seguras para emerger.
Me interesa ayudarte a mirar con honestidad cómo tu cuerpo aprendió a protegerte, qué costo han tenido esas formas de protección y qué posibilidades nuevas pueden aparecer cuando ya no tienes que vivir siempre desde la supervivencia.
Aquí no se trata de volverte “funcional” para seguir sobreviviendo mejor. Se trata de acompañarte a recuperar contacto: con tu cuerpo, con tus límites, con tus emociones, con tu historia, con tus recursos, con tu deseo, con tu intuición y con tu capacidad de estar en el mundo de una forma más viva, más presente y más tuya.
Porque hay una parte de nosotras que el trauma no alcanza a tocar del todo.
A veces está cubierta, a veces está protegida, a veces está esperando... pero sigue ahí.
Y cuando el cuerpo empieza a sentir un poco más de seguridad, cuando la historia puede mirarse con compasión, cuando el sistema nervioso deja de pelear con todo, cuando el alma ya no necesita escapar del cuerpo para encontrar sentido, algo empieza a reorganizarse.
A veces, en ese punto, también aparece lo transpersonal, no porque lo hayamos buscado, no porque lo hayamos forzado. Sino porque cuando lo humano encuentra suficiente espacio para integrarse, la psique puede abrirse naturalmente hacia algo más amplio.
No como una transformación espectacular, sino como un regreso. Un regreso lento, profundo y verdadero a ti.
Durante mucho tiempo mi trabajo estuvo orientado hacia lo transpersonal: la búsqueda de sentido, la dimensión espiritual de la experiencia humana, los estados expandidos de consciencia, los símbolos y aquello que a veces no cabe del todo en el lenguaje psicológico convencional.
Hoy sigo reconociendo esa dimensión como una parte importante de la psique, pero mi forma de acompañar se ha vuelto más encarnada, más clínica y más cuidadosa con el trauma y con el sistema nervioso.
Para mí, lo transpersonal no es una meta que se persigue ni una experiencia que se fabrica.
No se busca como una salida del cuerpo ni como una promesa de expansión. Cuando el proceso terapéutico tiene suficiente profundidad, seguridad y honestidad, lo transpersonal puede emerger de manera natural: como sentido, como símbolo, como contacto con algo más amplio, como una experiencia más encarnada del alma.
Lo transpersonal, cuando está verdaderamente integrado, no niega lo humano: lo atraviesa.
En mi forma de acompañar, primero necesitamos conocer cómo se organiza tu sistema nervioso, comprender tus defensas y reconocer tus recursos. Observamos tu historia con honestidad y compasión. Comprendemos cómo tu cuerpo aprendió a sobrevivir. Damos lugar a tus partes internas, a tus heridas, a tus contradicciones, a tus luces y a tus sombras.
Y luego, poco a poco, algo más profundo puede empezar a emerger: no como una búsqueda espiritual forzada, sino como una experiencia más real de ti.