Soy psicóloga y acompaño procesos donde la psicología, el cuerpo y la dimensión espiritual pueden dialogar sin excluirse: con estructura clínica, mirada somática y respeto por lo profundo.
Mi trabajo nació en lo transpersonal, pero con los años se volvió más encarnado, más preciso y más informado en trauma. Hoy acompaño desde el cuerpo, el sistema nervioso, el vínculo y la memoria implícita que muchas veces sigue viva más allá de las palabras.
No trabajo desde una técnica aislada, sino desde una mirada integrativa. Me importa tanto tu regulación como tu verdad; tanto tu historia biográfica como tu dimensión profunda; tanto tus síntomas como tu posibilidad. Entiendo muchos síntomas como adaptaciones inteligentes de un organismo que hizo lo que pudo para seguir adelante.
En mi consulta creamos un espacio suficientemente seguro para escuchar lo que tu sistema lleva tiempo intentando decir, desarrollar recursos y construir una relación más compasiva con tu propia historia.
Trabajo con trauma, pero también con la posibilidad.
Con esa parte de ti que sigue intacta, aunque a veces esté cubierta por defensas, miedo, cansancio o experiencias que aún piden integración.
Cuando el cuerpo empieza a sentirse un poco más seguro, algo en ti puede dejar de organizarse únicamente alrededor de la supervivencia. Y entonces aparece espacio para algo más: más presencia, más claridad, más elección, más encarnación de tu propia vida.
Hay una metáfora que me gusta usar para hablar de los procesos terapéuticos informados en trauma y orientados al trauma: la metáfora del bosque. Porque cuando una persona comienza un...
La supervivencia muchas veces necesita cortar, huir, cerrar, quemar puentes y barcos, no mirar atrás, no dudar, no volver. A veces sobrevivir se parece a avanzar sin permitirte regresar...
EMDR no es solo “resignificar” un evento y encontrar unas palabras más adecuadas para narrarlo. EMDR nos permite un reprocesamiento que involucra al cerebro, al cuerpo, al sistema nervioso, a...
El trauma no vive solo en lo que recordamos. Vive en cómo respiramos, dormimos, amamos, confiamos, nos defendemos y percibimos el mundo. Muchas veces lo que llamamos bloqueos, patrones o...
Hay personas que llegan a prácticas espirituales o psicodélicos/ceremonias con una idea que suena elevada: “quiero trascender el ego”. Pero muchas veces no es filosofía: es cansancio.
Puedes resignificar o ver diferente el dolor o la herida y aun así seguir con pecho apretado o ansiedad. No falta más entendimiento, te faltan experiencias nuevas de seguridad.
Hay hábitos que nacen del amor… y hábitos que nacen del miedo. Si tu rutina te vuelve rígida, culpable y ansiosa, quizá no te falta disciplina: te falta permiso.
Muchas veces la respuesta no está en lo que sí pasó, sino en lo que NO PASÓ: la protección, el amor y el cuidado que faltaron y que aprendiste a normalizar.
Cuando tu cuerpo no se siente a salvo dedica toda su energía a sobrevivir, no a transformarse. El ambiente y tus vínculos pueden estar frenando tu proceso.